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* Los siguientes insultos
o expresiones insultantes se han clasificado según su grado de
intensidad, es decir, según el grado de ofensa: 1, para insulto
leve; 2 para insulto moderado y 3 para insulto grave.
De alguien que se ofende con facilidad, guarda rencor durante mucho tiempo
y se venga con minucias y tonterías, podemos decir que es chinchoso1-2,
picajoso1-2 o quisquilloso1-2,
todos ellos del registro popular.
Es muy picajosa: le dije que podía adelgazar
si hacía dieta y me contestó que a mí me convenía
ir a dentista para que me pusiese los dientes rectos.
Si alguien no encuentra nada bien hecho por minucias, decimos que es
lunático1-2,
maniático1-2, neurótico2
o puñetero1-2, que son
términos del registro popular.
Si pongo la tele un poco alta me dice que la baje
y, si la tengo baja para no molestar, me dice que la suba porque no la
oye: es un puñetero.
Con maniático1-2 se puede
especificar la manía concreta que sufre alguien, para ello se utiliza
la preposición de seguida de un nombre:
maniático de la limpieza, maniático
del orden...
Es una maniática de la limpieza: pasa el día
limpiando lo que está limpio.
Alguien susceptible1 tiende a
tomar como ofensa grave comentarios sin intención o minucias; este
adjetivo pertenece al registro formal.
No digas nada que pueda ofenderlo, él es muy
susceptible.
Otro tipo de manía consiste en actuar de determinada forma por
delicadeza o escrúpulos poco razonables y afectados. En el registro
estándar disponemos de relamido1-2
y remilgado1-2 y en el popular
de finolis1-2 y fifi1-2 a.
No seas tan finolis, Ħhombre!, come las gambas con
la mano.
a
Fifi sólo se aplica a mujeres.
En cambio, alguien tiquismiquis1-2
pone reparos por cosas de poca importancia; la alimentación es
un terreno propicio a las manias de este tipo.
Cuando se come un bisté, aparta la grasa y
los nervios: es una tiquismiquis.
ĦQué tiquismiquis! Dijo que la silla estaba llena de polvo
y que ella no se sentaba allí.
Señorito es en principio un nombre
que utilizan los criados de una casa para dirigirse a los hombres jóvenes
de la familia que los contrata; pero señorito2
se utiliza también para calificar la actitud de alguien que rechaza
hacer trabajos domésticos (reservados a criados). En este caso
es un término despectivo, usado como nombre o como adjetivo, tanto
en masculino como en femenino.
No seas tan señorito y saca tú la basura.
La señorita dice que ella no lava la ropa.
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