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* Los siguientes insultos
o expresiones insultantes se han clasificado según su grado de
intensidad, es decir, según el grado de ofensa: 1, para insulto
leve; 2 para insulto moderado y 3 para insulto grave.
Diversos motivos hacen que una persona sea insignificante a ojos de otra:
la falta de posición social o la falta de dinero. En este caso,
quien insulta se coloca en una posición de superioridad que hunde
al otro. Estos insultos eran más corrientes hace algunas décadas,
cuando las clases sociales altas y medias se defendían de los intrusos.
Y no sólo entre la gente con posición social alta; los pobres
que tenían un techo y comían con regularidad se colocaban
en un nivel superior que aquellos que no podían. Ahora es más
difícil escuchar estos calificativos: la moral dominante dice que
todo el mundo merece respeto, sea cual sea su clase social, su situación
personal... La vida ahora es muy distinta.
Alguien sin posición social ni dinero es un don
nadie2 (pop.).
Su marido es un don nadie; la que tiene dinero es
ella.
Alguien sin dinero es un pelagatos1-2
(pop.).
Ese es un pelagatos, la ropa que lleva no es ni suya.
Esta insignificancia puede deberse a la falta de medios económicos
suficientes para ser considerado una persona influyente, sin caer en la
pobreza o la miseria; en definitiva, es un calificativo aplicable a la
gran mayoría de las personas. En el registro popular disponemos
de estos giros: ser un pobre diablo2,
ser un (pobre) desgracia(d)o2
y ser un pringa(d)o2 (pop.).
Eres un pobre desgraciado: no tienes dónde
caerte muerto.
Además, ser un pobre diablo2
puede referirse a otro tipo de insignificancia, la pobreza de espíritu
y de determinación.
Es un pobre diablo, su mujer le mete cuernos y él
lo consiente.
Si en boca de otros estas expresiones son ofensivas, no sucede igual
cuando uno mismo los utiliza para calificarse o definirse.
Soy un pobre diablo; Hacienda no va a venir a meterse
conmigo.
El adjetivo insignificante suele aplicarse
a cosas o situaciones, sin sentido ofensivo. Cuando se aplica a personas
suele tener un tono teatral.
Este problema tuyo es insignificante; lo mío
sí que es grave.
No hace falta contar con él,
es un tipo insignificante en esta empresa. (tea.)
Para ser un fracasado2 es necesario
haber intentado algo sin éxito o, por lo menos, haber desaprovechado
alguna oportunidad.
Todos los negocios que ha abierto se han ido a pique,
es un fracasado.
Si no estudias, no conseguirás un buen trabajo y serás
un fracasado toda tu vida.
Todavía peor es ser el hazmereír2
de algún sitio, es decir, ser el motivo de todas las burlas por
un comportamiento ridículo.
Eres el hazmereír de la oficina: ¿por qué
le limpias el coche al jefe?
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