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El español, como todas las lenguas, dispone de formas vulgares
para referirse a algunos conceptos; muchas de estas formas han aparecido
en los capítulos anteriores de este manual. Sin embargo, las formas
vulgares no se agotan en los insultos, las maldiciones y los votos, y
en los apartados siguientes las presentamos ordenadas en estas categorías:
la sorpresa, la negación, las muletillas, el sexo masculino, el
sexo femenino, joder, escatología
y religión.
¿Por qué usamos términos vulgares?
Por ignorancia.
Muchas personas tienen un vocabulario pobre.
Porque
resultan contundentes y enérgicos, y en algunas situaciones hay
que demostrar energía o fortaleza: cuando se está enfadado,
en desafíos, para despreciar a otros, para demostrar liderazgo...
Para
distender y relajar el ambiente. El lenguaje vulgar puede servir para
que dos o más personas hablen de igual a igual. En este sentido,
puede ser un recurso para acercarse a personas que no conocemos.
En cualquier caso, un estudiante de español como lengua extranjera
debe conocer las formas vulgares y la intención de los hablantes
al usarlas, pero no deben utilizarlas de forma activa porque si no se
domina el tono o el matiz de cada una de ellas puede conseguirse un efecto
contrario al deseado.
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