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Existen muchas maneras de expresar la sorpresa, algunas pertenecen al
registro estándar o al popular:
¡Ah!
¡Oh!
¡Qué sorpresa!
¡Anda! (pop.)
¡Vaya! (pop.)
¡No me digas! (pop.)
¡Ángela María! (pop.)
¡Hombre! (pop.)
¡Mira tú por donde! (pop.)
¡Madre mía! (pop.)
¡Madre mía del amor hermoso! (pop.)
¡Ay, madre! (pop.)
¡Jesús! (pop.)a
¡Jesús, María y José!
(pop.)a
¡Válgame Dios! (pop.)a
¡Dios! (pop.)a
¡Ay, Señor! (pop.)a
¡Dios mío de mi vida! (pop.)a
¡Hay que ver! (pop.)
¡No fastidies¡ (pop.)
¡Qué bárbaro! (pop.)
a Estas expresiones pueden no estar de
acuerdo con el mandamiento religioso de "no pronunciar el nombre de
Dios en vano", sin embargo, el hablante no las siente ni blasfemas
ni ofensivas.
Pero otras son vulgaridades: usan referencias sexuales o religiosas.
En negrita aparecen los sonidos que se alargan al pronunciarlos.
¡La hostia!
¡Hostia!
¡Ay va la hostia!
¡La hostia puta!
¡La puta!
¡Coño!
¡Jódete!
¡Joder!
¡No me jodas!
¡Carajo!
¡Carayo!
Muchos consideran estas formas muy groseras y prefieren utilizar eufemismos:
¡Caray!
(eufemismo de carajo.)
¡Caramba!
(eufemismo de carajo.)
¡Ostras!
(eufemismo de hostia.)
¡Hosti!
(eufemismo de hostia.)
¡Jolín!
(eufemismo de joder.)
¡Jopé!
(eufemismo de joder.)
¡Jopeta!
(eufemismo de joder.)
¡Jodó!
(eufemismo de joder.)
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